Todos hemos visto u oído hablar de los ciclistas Colombianos, de cómo el hecho de crecer en las montañas y entrenar cada año a más allá de los 2.000 metros les convierte en unos escaladores formidables pero ¿qué podemos hacer el resto de ciclistas, los que vivimos al nivel del mar o no contamos con grandes montañas cerca de casa a las que acudir para poder entrenar en altitud?

Muchos atletas, científicos y empresarios se han hecho esa misma pregunta y es por eso que actualmente podemos encontrar dos principales métodos para simular un entrenamiento en altitud.

Las mascarillas de altitud y las Cámaras de Hipoxia

Las cámaras de hipoxia generan de forma artificial un entorno hipóxico simulando altitud. estas cámaras extraen el oxígeno generando una concentración baja del mismo. El organismo, al encontrarse con menor capacidad de absorción de oxígeno, genera ciertas adaptaciones (aumentando el número de glóbulos rojos) para poder aprovechar mejor el oxígeno circulante. 

Una de las pegas de este método es que es caro y que aunque no es una práctica prohibida por la WADA, si que lo está en Italia debido a una ley existente relacionada con la salud pública y los potenciadores del rendimiento deportivo.

Es por estas razones que hoy vamos a hablar de las mascarillas de entrenamiento en altitud.

La cuestión que nos planteamos hoy es, ¿realmente funcionan estas máscaras? Vamos a descubrirlo ;)

Máscaras de entrenamiento en altitud

El entrenamiento en altitud se considera tal a partir de los 1.500 metros sobre el nivel del mar, pero es realmente efectivo a niveles de adaptación a partir de los 2.400 metros de altitud.

La principal razón por la que los atletas encuentran beneficioso el entrenamiento en altitud es porque está demostrado que ayuda a mejorar el VO2 max de los deportistas. 

El VO2 max se refiere a la cantidad de oxígeno que tu cuerpo puede procesar durante el ejercicio intenso.

Como todos sabemos, en altitud hay menos oxígeno disponible, esto lo que hace es que nuestros músculos entren en un estado de Hipoxia. La hipoxia no es otra cosa que un estado en el que la demanda de oxígeno por parte de nuestros músculos, excede a la cantidad disponible. En esta situación, nuestro cuerpo se ve forzado a sobre-compensar mediante la producción de glóbulos rojos, mejorando nuestro VO2 max.

Ahora que entendemos un poco mejor los efectos de la altitud en el cuerpo vamos a analizar como funcionan las mascarillas de entrenamiento en altitud. Su sistema es muy sencillo y su objetivo en teoría, es el de limitar nuestra capacidad para respirar al inhalar, simulando los efectos de la altitud y forzando a nuestro cuerpo a adaptarse produciendo más glóbulos rojos. 

Los atletas que las prueban reconocen que es mucho más duro entrenar con estas mascarillas, pero se plantean una cuestión que hace pensar si realmente, estas mascarillas, funcionan como nos prometen.

¿Cumplen lo que prometen?

Está claro que las mascarillas limitan la cantidad de aire que podemos inhalar, pero ¿es esta restricción suficiente para imitar la deficiencia de oxígeno que experimentamos en altitud?

Aparentemente el problema de estas mascarillas es que hacen que el deportista que las utiliza reciba menos oxígeno, pero únicamente porque inhala menos aire, no porque el aire que inhale sea menos rico en oxígeno. 

Al contrario que las cámaras de hipoxia de las que hemos hablado anteriormente, que sí que disminuyen la cantidad de oxígeno en el aire, las mascarillas realmente lo que hacen es poner estrés en nuestros músculos responsables de la respiración, por lo que realmente sirven para ayudarnos en el entrenamiento de la musculatura respiratoria, no a simular un entrenamiento en altitud. 

Ahora bien, este tipo de entrenamiento tienes sus ventajas, como la reducción del ácido láctico y la posibilidad de mejorar la el rendimiento deportivo de un atleta,  pero por desgracia existen multitud de estudios que han demostrado que el entrenamiento de la musculatura respiratoria no tiene efectos positivos en la mejora del VO2 max. Además de esto, estos mismos estudios han demostrado que la mayor sensación de esfuerzo que experimentan los deportistas al utilizar estas máscaras se debe al desequilibrio que provocan entre la entrada de oxígeno y la expulsión de CO2, lo que además, puede provocar que el deportista termine hiperventilando. 

Como resumen, podríamos decir que mientras que las mascarillas de entrenamiento en altitud tienen su función, no son realmente útiles para promover los mismos beneficios que tiene vivir o entrenar en altitud.