De forma natural, en nuestro día a día, tenemos momentos en los que comemos, seguidos de periodos más largos que pasamos sin comer o ayunando, por lo que el ayuno como tal existe en mayor o menos medida en la vida de cualquiera. La diferencia aquí está en que en este caso, el ayuno es programado y comienza y termina siempre a la misma hora.

¿Qué es el ayuno intermitente?

El ayuno supone pasar periodos de tiempo, más o menos prolongados, sin consumir ningún alimento. Existen distintas maneras de realizar este ayuno intermitente, siendo probablemente el más popular el método llamado 16:8.

Este método sugiere que podemos pasar 8 horas en las que podemos comer, seguidas de 16 horas de ayuno.

Este método suena duro, pero si somos capaces de adaptar nuestros horarios a uno más anglosajón, vemos que podríamos cenar a las 18:00 de la tarde, no comer nada más durante la tarde y la noche, y realizar nuestra siguiente comida al día siguiente a las 10:00 am.

Evidentemente este es un horario de ejemplo que puede ser modificado para adaptarse a tus necesidades.

Otros métodos de ayuno intermitente incluyen periodos de ayuno más cortos, e incluso más largos, como por ejemplo el de 24h que podemos hacer una o dos veces por semana, e incluso la “Dieta del Guerrero”, que implica consumir todas nuestras calorías diarias en una sola comida por la tarde. Este último método está inspirado en el estilo de vida que se supone al primer Homo Sapiens, donde la idea es que se pasaran todo el día cazando para después disfrutar de la comida cazada durante la noche.

La idea que gira en torno a casi todos los métodos de ayuno intermitente es que durante el ayuno, no se pueden consumir alimentos que aporten calorías a nuestro organismo, es decir que si que podríamos beber agua, té y electrolitos.

¿Cómo funciona el ayuno intermitente?

La idea es que al realizar periodos prolongados de ayuno, reducimos nuestro almacenamiento de glucógeno y esto hace que nuestro cuerpo entre en un estado de ayuno, lo que hace que nuestro organismo comience a utilizar como combustible para generar energía, la grasa almacenada en nuestro cuerpo.

Esto tiene un efecto doble en cuanto a la pérdida de peso, por un lado, seremos más conscientes de lo que comemos y picotearemos menos entre comidas, lo que nos puede llevar a ingerir menos calorías a lo largo del día, pero lo que es más importante, es que cambia el modo en que nuestro cuerpo responde cuando consumimos algún alimento.

El ayuno intermitente puede ayudarnos a perder peso reduciendo nuestros niveles de insulina. Cuando consumimos carbohidratos, nuestro cuerpo los transforma en glucosa, que es utilizada por nuestro cuerpo como fuente de energía, o si en ese momento no se requiere de dicha energía, se convierte en grasa y se almacena para utilizarlo más tarde. La insulina hace posible que la glucosa pueda entrar en las células de cuerpo, aportándoles la energía que necesitan para realizar las funciones vitales.

Cuando no comemos nada durante un tiempo prolongado, los niveles de insulina bajan, lo que se cree que fomenta que las células liberen las reservas de glucógeno para que sean utilizados para generar energía.

En el año 2015, un artículo en la revista “Journal of Molecular and Cellular Endocrinology”, revisó 40 estudios sobre ayuno intermitente en los que se concluyó que el este ayuda a reducir peso, mejora el ritmo cardíaco, ayuda a reducir la tensión arterial, el colesterol y los triglicéridos. Además, si reducimos los niveles de insulina en nuestro sistema, nuestro cuerpo tiene una mayor facilidad para utilizar la energía almacenada en las células de grasa en lugar es utilizar siempre la energía que nos aportan los carbohidratos.

Otro de los beneficios del ayuno intermitente es la Autofagia. Este proceso es realmente importante, ya que se centra en reciclar y reparar las células dañadas, de forma que las estas células o las proteínas son utilizadas en forma de energía o reparadas. Si nuestras células son alimentadas constantemente, entonces no tienen la necesidad de repararse, si no que crecen y se multiplican constantemente, lo que algunos estudios han relacionado con enfermedades como el cáncer.

¿Cómo puede ayudar a los ciclistas?

El problema de salir con la bici en ayunas, es que probablemente nos sea muy difícil conseguir hacer cualquier cosa que no sea un entrenamiento de baja intensidad, ya que lo más probable es que no tengamos suficiente azúcar en sangre y depósitos de glucógeno, lo que es esencial para poder realizar cualquier tipo de entrenamiento de alta intensidad.

Del mismo modo, si hacemos un ayuno realmente largo, no podemos esperar estar al 100% nada más terminarlo, ya que el cuerpo tarda una media de entre 22h y 4 días hasta estar totalmente recuperado en los niveles de glucógeno.

El problema es que hoy en día nuestras agendas están tan llenas que necesitamos, en la mayoría de los casos, aprovechar al máximo cada sesión realizando entrenamientos relativamente cortos y con una intensidad alta. Esto supone que si no somos capaces de organizar correctamente una rutina de ayuno intermitente, nuestras reservas de glucógeno no serán suficientes para realizar este tipo de rutinas de entrenamiento.

De todas formas, es posible que ninguno estemos entrenando para una gran prueba ciclista ni que seamos profesionales de este maravilloso deporte, así que si disfrutas saliendo con la bici y realizando un ejercicio suave o de baja intensidad y estás buscando una manera de perder peso, entonces el ayuno intermitente puede ser de gran ayuda como para incorporarlo en tu día a día.

Como hemos visto, el ayuno intermitente puede no ser para todo el mundo, por lo que lo más importante es, mantener una alimentación saludable y realizar ejercicio físico con regularidad.

¡No dudes en comentarnos si has probado este tipo de alimentación y que tal te ha ido! ;)